La miel, acompañada de algún tipo de suplemento vitamínico, aumenta la capacidad de recuperación de los músculos después del ejercicio. 

Se dice que la antigua civilización griega fue la primera en descubrir las propiedades de la miel, encontrándose propiedades medicinales, laxantes y antisépticas. De hecho, los corredores griegos solían usar este alimento como fuente de energía. A ellos, se les unirían los chinos o los romanos, quienes mezclarán la miel con diversos tipos de hierbas para la creación de ungüentos.

La miel es mucho más fácil de digerir que el azúcar, puesto que no está tan procesada. La glucosa de este alimento es menos agresiva para nuestro torrente sanguíneo, por lo que es muy recomendable para aquellos corredores que deben vigilar su nivel de azúcar en sangre, como puede ser el caso de los diabéticos, es rica en minerales como el fósforo o el potasio, siendo este último muy beneficioso para prevenir los calambres. También contiene un alto contenido vitamínico, especialmente de las vitaminas del grupo B y C.

Pero los beneficios de la miel no se detienen aquí. Sus propiedades medicinales están directamente relacionadas con su contenido en unos elementos denominados inhibinas, que actúan como desinfectantes y poseen un gran poder antibacteriano, anti-oxidante y desinfectante, perfecto para proteger también nuestro sistema inmunitario, previniendo enfermedades como la gripe o el resfriado.

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